x Nelbia Romero.

F63

Breves reflexiones:

La obra de arte es el reflejo humano del creador, pues es una forma de expresar lo más íntimo, de llegar a lo más profundo del ser, de introspección fuerte, dolorosa y angustiante. Entre el autoanálisi y la realidad existe una encrucijada donde desaparecen las fronteras entre visualización objetiva y subjetiva de la realidad, descendiendo a lo más profundo del inconsciente personal y colectivo, porque los temas profundos son temas de todos. Por paradójico que parezca, aún la misma interioridad es incapaz de desarrollarse en forma aislada y solitaria.

El artista:

Presentar a Yamandú Cuevas y su obra desde un análisis objetivo es una terea de difícil concreción, debido a la existencia de una relación personal y una permanente visualización del proceso y construcción de su discurso simbólico.
Esta situación dual me permite acceder a ciertas claves intelectuales y perceptuales contenidas en la obra, posibilitando múltiples niveles de lecturas analíticas y sensibles. Parte del mundo sígnico y simbólico es develado pero siempre existe un reducto misterioso que subyace, códigos indescifrables para la razón y los sentidos.

Entrejuegos.

Precisamente, entre juegos reales y juegos de invención se concretiza la obra de Yamandú Cuevas. En su subjetividad se configuran imágenes mnemónicas, representativas o inventadas como re-creaciones de lo vivido, creando el lenguaje simbólico ineludible que toda operativa ficcional requiere. Podríamos decir que entre estos acontecimientos coexisten los del “alma”, que no son reales en cuanto a espacio-tiempo, ni irreales en cuanto a pura virtualidad. Ese espacio-tiempo psíquico está puesto en suspenso y sustraído al devenir, objetivo irreversible.

El artista evoca episodios, recuerdos e imágenes, elaborando en el sentido de sucesión pasada o en sentido contrario, saltando de uno a otro ampliándolo y estrechándolo. Imágenes ambivalentes, metáforas, asociaciones contradictorias constituyen el material de su arte, expresión de los estados del “alma” permanentes pero a su vez huidizos y cambiantes.

Yamandú Cuevas pone en juego cualidades mágicas para manejar las contradicciones creadoras del alma y expresar nostalgia, alegría y dolor en representaciones sensibles frente al mundo, al punto que su obra aparece como el alma misma.

Nelbia Romero.

“El individuo es un complejo dinámico que encierra en sí la antinomia de lo propio y lo ajeno, la originalidad y la norma, la permanencia y el cambio, convirtiéndose en el escenario de la lucha y conflicto entre ellos”

Arnold Hauser.

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