Yamandú Cuevas

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Cuchara. Collage analógico 10x15 sobre cartón corrugado, pintado.

Cuchara. Collage analógico 10×15 sobre cartón corrugado, pintado.

Cada año en el taller hacemos postales para intercambiar en la fiesta de fin de año. Mi amigo invisible fue Stef, pero como los papelitos de Inés y Dani quedaron sin retirar, hice dos más. Y como además acordamos hacer una más (porque sí nomás), en total hice estas seis que terminaron siendo una serie de collages analógicos de 10×15 centímetros, sobre cartón corrugado, pintado.

Buda. Collage analógico 10×15 sobre cartón corrugado, pintado.

Jeringa. Collage analógico 10×15 sobre cartón corrugado, pintado.

Manzana. Collage analógico 10×15 sobre cartón corrugado, pintado.

Colón. Collage analógico 10×15 sobre cartón corrugado, pintado.

Rinoceronte. Collage analógico 10×15 sobre cartón corrugado, pintado.

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Una vez al mes el Foto Club Uruguayo hace un encuentro social, fotográfico,  gastronómico y sensorial al que fui invitado a participar en un conversatorio sobre la muestra de collage “En construcción” del grupo de proyectos artísticos en collage del taller Ranchoaparte 2022/23.

En estos encuentros mensuales llamados Peñas se aprecian exposiciones, se conversa, se escucha muy buena música en vivo, se degustan exquisiteces y se toma vino, refresco o agua según cada uno quiera. También se realiza el sorteo de una obra. Este mes, la obra elegida para sortear fue mi collage “Esto no es una vaca” que hasta hace poco se exhibía en este blog.

Primorosamente enmarcado por Aquarela, el collage fue finalmente ganado por la Sra. Sylvia Silveira, quien agradeció al FCU y a Ranchoaparte.

En nuestro caso agradecemos al Foto Club Uruguayo la invitación a exponer primero y a ser parte de su Peña del mes de julio, después. Y a la Sra. Sylvia Silveira nuestras felicitaciones.

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La cartapesta es una técnica que utiliza papel cortado y pegamento para hacer elementos volumétricos y que en el taller adaptamos para ponerla al servicio del collage. En una de las tantas clases que propusimos experimentar con ella la mezclamos con el arte de Mimmo Rotella, aquel extraño artista Pop italiano que en la década del 50 salía a recortar trozos de palimpsestos urbanos para rasgarlos y crear sus luego famosos decollages. En aquella jornada hice algunos intentos para demostrar a las participantes qué proponía y surgió este, que encontré hoy entre unos libros y rescaté para compartir con ustedes.

Datos de la obra:

Sin título / decollage /  20×20 cm. / Yamandú Cuevas / 2023.

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El próximo jueves 30 de marzo se inaugura la exposición “En construcción” del taller de proyectos en collage Ranchoaparte, integrado por Daniela Acuña, Marta Villa Plada, Nuria Rodríguez, Renato Silva (Reno) y Solange Pastorino, y dirigido por Yamandú Cuevas.
La inauguración será en la Casa de la Cultura de Maldonado (Pérez del Puerto y Sarandí) a las 19 horas.
La exposición permanecerá abierta hasta el fin de abril de lunes a viernes de 9 a 17 hs.

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Cada vez que comienza el año de taller, le recomiendo a las nuevas participantes ver una entrevista que Flor Salas le hace a Ana Noya en su programa Inventario, porque en ella Ana habla muy bien de los distintos momentos del collage con cierto énfasis la parte inicial de búsqueda y colección del material. Y porque es una entrevista exquisita por donde se la vea.

Por lo general, cuando me doy cuenta que no estoy para hacer collage, recorto. Eso casi siempre sucede de noche, con buena música y algo espirituoso para beber. Entonces desarmo pilas de libros y revistas que antes seleccioné para cuando llegara este momento y selecciono y clasifico páginas que luego voy a recortar.

El recorte requiere ese ambiente tranquilo e íntimo porque es un trabajo de mucha minucia, de mucha motricidad fina y paciencia. Una de esas noches me puse a recortar un magnífico Cristo pintado por Diego Velázquez y cuando la tijera estaba silueteando su mano izquierda sucedió la serendipia.

Eureka! esta mano está ideal para sostener un teléfono!

Me pareció que la idea podría llegar a funcionar y me puse a buscar teléfonos del tamaño adecuado con absoluta falta de éxito, lo que me hizo pensar que ese era un trabajo que se podría resolver mucho mejor digitalmente. Así que puse al Cristo en el escáner, abrí Photoshop, y después de un buen rato de trabajar con tijeras, gomas, aerosoles, fuminos y pinceles digitales logré concretar la idea.

En Facebook, donde también suelo publicar alguna cosa, le pedí perdón a Velázquez, pero por si no usa esa herramienta (y porque algo de culpa me da) se lo vuelvo a decir: gracias Don Diego! Y disculpe…

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En este collagito de apenas 10×10 centímetro que hice para sortear en la fiesta de cierre del taller se expresa algo muy lindo y potente que pasa en clase: que todos aprendemos de todos, que la línea que separa al docente de las aprendices muchas veces desaparece. Ese fondo entero es algo nuevo para mí. Algo que vi hacer a algunas de las participantes y que simplemente no se me había ocurrido experimentar. Usar un trozo de una imagen como fondo es un recurso que no hubiera usado si no hubiera visto lo bien que puede funcionar. Después me gustó la imagen de la mujer, su ser fuera del estereotipo y por último, incluir una frase que hiciera leudar un poco la cosa, que le otorgara otro sentido, algo a lo que solemos jugar también en clase. Probablemente no sea un gran collage, pero sí uno significativo. Un trabajo en el que sucedió algo que contribuye al espiralado ciclo de creación sin fin en que todos estamos metidos.

Nota posterior: El collage se lo ganó la China (Cristina Alcorta) y yo me alegré por eso. Gracias Chinita por la foto!

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Un día que en el taller estuvimos aprendiendo a hacer cartapesta, una bandejita que antes había llegado con alfajores de maicena, fue utilizada para embeber los recortes en un agua que había quedado involuntariamente sucia de cascola. La clase terminó y el taller estuvo un par de días sin actividad. Cuando pude volver para ordenarlo me encontré con que el agua de la bandeja se había evaporado y las imágenes se habían fijado en ella de una manera tan contundente como graciosa. Así que empecé a copiarle al azar y a probar a ver qué podía agregarle. Así aparecieron las gotas de tinta china de color tiñiendo el agua, y un etcétera que ahora mismo me tiene ocupado. El nombre de la técnica se lo debemos a Mariana Fossatti, gran collagista amiga y amiga collagista que acertó a pasar por el taller en esos días, y algunos avances experimentales a Jorge Gemetto, quien hizo el primer watercollage logrado y que, al secarse a la intemperie recibió además, semillitas e impurezas playaverdenses y algún sospechado aporte del Gran Mustafá. Es lo que sucede cuando se comparten las experimentaciones con amigas, amigos y el felino del hogar.

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Demasiadas veces me preguntan cuánto tiempo me lleva hacer un collage, un dibujo o una pintura. La pregunta casi siempre me fastidia, porque me resulta imposible saberlo. Por eso casi siempre respondo: Uf!

Cuando estoy pintando, poco antes de abandonar y toca limpiar pinceles juego a manchar papeles. Al final, siempre alguno me gusta y lo guardo para algo en un cajón donde poder olvidarlo. Otra veces -si llueve, mejor- recorto imágenes de libros y revistas y al final también las guardo. No en el mismo cajón, pero sí en uno cercano donde supongo que van las cosas que no son papeles pintados. Otros días, caprichosamente, algunas de esas cosas salen de los cajones y empiezan a dar vueltas por alguna mesa de trabajo. Si tienen suerte, si tengo suerte, sucede algún encuentro prometedor. En este caso el sillón, el mono y el fondo llevaban juntos un buen tiempo sin que sucediera nada. Salían del cajón, volvían, se quedaban a dormir ahí un buen rato y así hasta que hoy, que por accidente me volví a encontrar con ellos, aburrido ya de esta cuestión, decidí meter todo a la computadora a ver si pasaba algo. Y pasó. Que me surgió una pregunta y que encontré unas alas que vinieron a ofrecerme la respuesta que me ayudó a terminar este collage, en la misma cantidad de tiempo que un naranjo tarda en dar una fruta acabada, redonda y dulce.

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La clase pasada propuse hacer un collage con material tomado de una sola revista y en formato postal. Más precisamente de viejos fascículos de la famosa Enciclopedia de los animales Salvat (todo se transforma). Rara vez hago collage en el taller (soy el docente) pero el jueves pasado, estuvo todo tan tranquilo, que probé y bueno. Apareció este.

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Arlequín es un collage digital que me surgió ayer, trabajando un ejercicio de capas en Ranchoaparte Taller de Collage Digital On line con Photoshop.

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